El pasado 8 de marzo, fue el día de la mujer, un día en el que alzar aún más la voz para reivindicar la igualdad de género, romper las desigualdades que a diario sufren las mujeres, cambiar la perspectiva de futuro, romper con los enfoques tradicionales hacia la mujer y llevar a cabo acciones que promuevan las políticas de igualdad.
Pero, ¿Qué ocurre con las mujeres con Síndrome de Down? La respuesta es clara, las mujeres con Síndrome de Down sufren una doble discriminación: una por su condición de género y otra por su discapacidad. Esta doble discriminación está presente y afecta en todos los ámbitos de la vida de la mujer y de la niña con Síndrome de Down, ya que interfiere en el acceso a una educación inclusiva y a una formación de calidad en virtud de sus capacidades y a sus preferencias, en su acceso al mercado laboral, en una retribución salarial justa y que esté acorde a su formación y al desempeño de su actividad, a la libre intervención en la comunidad, a tener una representación igualitaria en la participación y decisión ciudadana e incluso las limita en otros aspectos mucho más privados como el ámbito familiar en relación al derecho a la libertad de relaciones afectivo sexuales.
A todo lo anteriormente expuesto, le sumamos que las mujeres con Síndrome de Down son especialmente vulnerables a la violencia de género, y esto se debe a diversos factores:
– La dificultad de expresar malos tratos e incluso en ocasiones a identificarlos.
– La falta de credibilidad a la hora de denunciar cualquier vejación o hechos que atenten contra su persona ante los organismos competentes, sólo por el hecho de tener una discapacidad.
– La falta de formación especializada de los profesionales que trabajan en organismos públicos o en instituciones relacionadas con la violencia.
Los numerosos mitos sobre las personas con Síndrome de Down y en particular sobre las mujeres que la sociedad aún mantiene, por ejemplo, infantilizar a la persona creyendo así que son eternas niñas.
Por lo cual, es responsabilidad de toda la sociedad en general, no solo de las entidades que trabajamos por el bienestar de las personas con Síndrome de Down o con discapacidad intelectual, de empoderar a las mujeres con discapacidad para luchar y eliminar por completo esta doble discriminación. Para ello es fundamental apoyarnos en lo establecido en la Convención internacional de los derechos de las personas con discapacidad, en la cual, en su artículo 6. Mujeres con discapacidad, apartado 1, se reconoce que las mujeres y niñas con discapacidad están sujetas a múltiples formas de discriminación, y para ello, en su apartado 2, se tomarán todas las medidas pertinentes para asegurar el pleno desarrollo, adelanto y potenciación de la mujer, con el propósito de garantizarle el ejercicio y goce de los derechos humanos y libertades fundamentales.
Bajo el amparo de la Convención internacional de los derechos de las personas con discapacidad, y de otras muchas legislaciones vigentes referentes a las personas con discapacidad que aluden a la igualdad entre hombres y mujeres, las cuales no vamos a mencionar para que el artículo no se convierta en una exposición jurídica, es obligación de todos y todas, de la sociedad en general y de la administración en particular, velar por el cumplimiento de estos derechos y deberes así como luchar contra todo tipo de discriminación, tanto por ser mujer como por tener discapacidad.
Desde Down Talavera, como asociación que persigue día tras día, entre otras muchas cosas, el correcto cumplimiento de los deberes y derechos de las personas con Síndrome de Down y otras discapacidades intelectuales, es fundamental empoderar a las mujeres y a las niñas con Síndrome de Down, pero… ¿qué entendemos por empoderar? Cuando hablamos de empoderar o del empoderamiento de la mujer, nos referimos al proceso por el cual una mujer obtiene y refuerza sus capacidades, sus estrategias y adquiere protagonismo, otorgándole así el control de su vida y estableciendo sus propias metas y prioridades. Este empoderamiento es de suma importancia cuando hablamos de mujeres con Síndrome de Down y otras discapacidades intelectuales, ya que, la gran mayoría de ellas están acostumbradas a relegar sus decisiones vitales a terceras personas y no a coger las riendas de su vida y asumir el control de esta, todo ello es debido, en gran parte, a la falta de oportunidades por parte del entorno en el que se desenvuelve para tomar sus propias decisiones.
Y es aquí, en la falta de oportunidades, donde realmente radica esa doble discriminación que sufre la mujer con Síndrome de Down, que recordemos que es, por un lado, por ser mujer y por otro por tener discapacidad, a la que nos referíamos al inicio del artículo. Es fundamental generar oportunidades, tanto en niñas como mujeres, para así paliar esa doble discriminación, y generarlas en todos los ámbitos de su vida.
En el ámbito educativo, según el informe Olivenza 2019, un 81,3% de niñas con discapacidad son escolarizadas en centro educativos ordinarios, tres puntos por debajo de la escolarización de niños con discapacidad.
Si nos referimos al ámbito laboral, según los datos del INE, las mujeres con discapacidad presentan en todas las variables relacionadas con empleo las peores cifras, tanto en actividad, en empleo y en desempleo, y no solo con respecto a los hombres con discapacidad, sino también con respecto a las personas sin discapacidad en edad laboral.
Lo que nos lleva a fijar el foco de atención en el salario medio que obtienen las mujeres con discapacidad, cuya brecha salarial con respecto al salario medio de los hombres con discapacidad es de un 15,9%.
Las desigualdades también transcienden al ámbito social, en la gran mayoría de las ocasiones el único acceso a las relaciones sociales de las mujeres con Síndrome de Down son sus propias familias, ya que el acceso a actividades comunitarias en el cual se desarrollan los mayores lazos sociales se encuentra muy limitados, ya que, en muchas ocasiones, los espacios de ocio y tiempo libre se sustituyen por las labores de apoyo doméstico y apoyo familiar.
Por ello, para romper con todas estas barreras y equilibrar la balanza de la igualdad de género y otorgarle tanto a la mujer como a la niña con Síndrome de Down su lugar que por derecho le corresponde, es fundamental y una labor de toda la sociedad, de la administración y de los poderes públicos, promover el empoderamiento de las mujeres y de las niñas con Síndrome de Down y discapacidad intelectual, garantizando así su derecho a la igualdad de oportunidades educativas, labores y sociales.
Porque la mujer, en su más amplio sentido, tenga o no discapacidad, no puede y no debe ser infravalorada y ocupar un lugar inferior tan solo por su condición de género.

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