¿Efectividad y emoción?

El domingo por la noche sale Chicote en la tele. No les cuento nada porque ustedes saben quién es y qué hace en cada programa, lo hayan visto o no. El hombre se desgañita muchas veces con aquellos a los que pretende ayudar a mejorar su negocio. Puede que piensen qué nos importa a nosotros la cocina, pero después de haber leído Los 7 hábitos de las personas altamente eficacesde R. Covey y encontrándome con este hombre apasionado y directo, mi mente no tuvo más remedio que relacionarlo.

No voy a decirles, como en otras ocasiones,  que se trata de un libro de amena lectura y que con un repaso rápido encontrarán las respuestas a por qué unas personas trabajan mejor que otras o por qué unos negocios funcionan mejor que otros, precisamente porque es una de las cosas que nos dice. A veces, hay que reflexionar, pararse, echar un par de pasos atrás y cambiar las cosas desde nuestro interior (por muy poético que les parezca). Resulta que el pobre hombre (me refiero a Chicote, espero disculpen la apreciación personal), se encuentra casi siempre con  que los problemas del restaurante al que quiere ayudar no son puramente macroeconómicos (no se mencionan aquí términos como “benchmarking”, “fundraising”, “teaming” o “target”, por citarlos sin más). Al cocinero se le acercan los dueños del local o los empleados y le cuentan su vida y sus problemas, las más de las veces, de índole sentimental, emocional. Él les dice una y otra vez que no está ahí para resolver esos problemas, que no es  la persona adecuada, pero que si no los solucionan, no habrá negocio que defender.

   Eso es lo que vamos a encontrar en este libro, la relación que existe entre lo emocional y lo puramente económico. La atención al área humana, el “equilibrio entre P (producción) /CP (capacidad de producción) y las personas que controlan los bienes físicos y económicos”. Para ello el autor hace continuas referencias (es verdad que casi siempre demasiado manidas o consabidas, pero no por ello falsas) a momentos de la vida íntima de casi todos nosotros (problemas con amigos, pareja, hijos) y cómo afectan a nuestro negocio. El autor defiende que no es necesario leer su libro de principio a fin, sino que ha de tratarse como un “compañero” al que acudir ante problemas concretos. Por tanto, siempre aparece como parte  de un “proceso”. Por otro lado, resulta así bastante práctico, pues el lector puede ir poniendo en marcha, con los ejemplos propuestos, cada uno de los hábitos, hasta que estos formen parte de su vida. De ahí, el concepto de “progreso” y “lentitud” con la que hay que abordar esta obra, lejos de la prisa de nuestros días. No les voy a mentir, no se trata de un proceso sencillo y no siempre leeremos aquello que queremos oír, pero si nos decidimos a participar de estas ideas, puede que encontremos algo más que simplemente una herramienta mercantil y nos ayude con nuestras tareas diarias. Puede que, incluso, el domingo por la noche dejemos de enviar memes de niños tristes o enfadados porque al día siguiente es lunes.

   El autor, Stephen R. Covey, MBA por la universidad de Harvard y profesor universitario, es una de las figuras más relevantes en la organización del tiempo y llegó a fundar su propia marca para este fin. Es autor de varios “bestsellers” en el ámbito organizativo y a día de hoy, después de su muerte en 2012, sigue siendo uno de los nombres clave en el coaching empresarial.

Raquel Torres Lumbreras

IES Gabriel Alonso de Herrera

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