El hecho de hablar en público es algo que, en apariencia, satisface cuando lo llevas a cabo con soltura y, sobre todo, con  tranquilidad. A veces los entornos son difíciles de resolver y se nos pueden volver hostiles, por eso no siempre resulta cómodo ni fácil hablar en público.

 

Sin embargo, creo que somos nosotros los que hacemos que estos entornos sean difíciles de gestionar; el problema clave está en nuestra mente y para mi la solución está en quitar el foco de atención en nosotros mismos para dirigirlo en ayuda del público que nos va a escuchar. Éste ha sido uno de los aprendizajes más claros y contundentes que aprendí de uno de mis maestros, Josepe García.

 

 

Lo que tenemos que hacer

 

Antes que nada hemos de evaluar al público al que nos dirigimos mediante una presentación o conferencia y averiguar qué es lo que espera de ti, independientemente de haberla preparado antes con el rigor necesario.

 

Pero ¡ojo!, puede haber trampa, y es que cuando dominamos el tema a tratar más y mejor que el público asistente, entonces nos venimos arriba con un efecto de dominio y seguridad.

 

Pero, ¿qué  ocurre cuando estamos ante un público experto? Que nos posicionamos a la defensiva porque si tiene el mismo nivel que nosotros, nos puede poner a prueba y medir nuestra fuerza, siempre habrá alguien que sepa más que tú.

 

Por eso es tan importante que pongamos el foco en quienes nos escuchan, sin pensar que vamos a fallar o defraudar y que no vamos a estar a la altura porque van a detectar nuestros fallos.

 

Lo mejor es preguntarse "¿qué es lo que puedo aportarles desde una posición de humildad y colaboración?", sin competir con ellos y respetando sus posiciones y conocimientos de partida.

 

Os pongo un ejemplo. Si tengo que impartir un curso sobre técnicas de comunicación personal en un instituto de secundaria o en una asociación de agentes de seguros, es posible que vaya sobradillo y pisando fuerte, pero ¿qué ocurrirá si me dirijo a la Asociación Española de Oradores Profesionales? La cosa cambia porque van a saber más que los estudiantes o los agentes de seguros sobre el asunto.

 

Otro ejemplo puede ser el del los videos que grabo y publico en mi perfil de LinkedIn.  Les pueden parecer buenos a muchas personas, pero si los analiza un presentador experto de televisión,  acostumbrado a hablar desde una cámara  puede pensar que son de baja calidad.

 

Lo que  sí tengo claro es porqué, para qué y para quiénes realizó mis videos. Por eso no me agobia lo que otros puedan hacer, con todo su derecho, una crítica de los mismos.

 

No lo olvides

 

Céntrate en quienes te van a escuchar y así no te preocuparás ante públicos llamémosle más "complejos". Olvídate de ti, céntrate en las personas a las que te vas a dirigir para que te comprendan y escuchen, capta su atención e interés  y será más fácil transmitir tu mensaje con claridad, no estás hablando para lucirte, sino para convencerles con transparencia y honestidad.

 

Y si tienes otro método o un truco que te funcione, cuéntamelo porque si puedo ponerlo en práctica me harás un gran favor. ¡Hasta la próxima!

 

Curro Trujillo

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